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  CENTRO DE INTERPRETACIÓN DEL VINO Y EL DUERO
el edificio
VALOR ARQUITECTÓNICO | FOTOS | EL DESARROLLO DE LA OBRA
APUNTES DE LOS ARQUITECTOS | ESCULTURA DE GABARRÓN
escultura de Gabarrón    
     
           

Pocas veces las palabras encierran tantos contenidos como el vocablo “vino”. Los campos de vides, todo lo relacionado con la producción y el mágico simbolismo del consumo del rojo elemento ha estado siempre presente en las sociedades de todos los tiempos a través de diferentes formas y ha dejado su huella perenne en las diferentes manifestaciones artísticas. La cultura del vino, la tradición vitivinícola de los pueblos es  ya milenaria y se viste en esta obra, a la que el autor ha bautizado con la antigua voz de “OINOZ”, con los colores y las pátinas del tiempo. El cobre luce sobre su superficie los sutiles tonos pardos de las tierras surcadas, las calientes luces de los campos dorados al sol y los sugerentes rojizos, amarillos y verdosos del valioso fruto.

A veces la Humanidad pierde muchas cosas en el camino, pero otras le acompañan y de la antigüedad a la vanguardia el vino es uno de esos elementos de unión en la historia, cuya transformación ha sido tan espectacular como la del propio Hombre, siendo aún el gran protagonista de todo tipo de ceremonias y rituales de carácter social, religioso o cultural. El autor mantiene la idea de que el vino no es sólo fuente de riqueza y de placer, sino pura inspiración y creatividad derrochada a raudales y que en su evolución no sólo ha sido el argumento de creaciones pictóricas, escultóricas o literarias, sino también de excelentes obras arquitectónicas de comprobada funcionalidad y de singular belleza. El desarrollo tecnológico, el cambio hacia la modernidad y el progreso, la fuerte apuesta y el esmero por la presentación en sociedad de este sector de una forma renovada en perfecta simbiosis con el arte, es un esfuerzo reconocido por Gabarrón en uno de los puntos de vista de esta obra bajo formas que nos recuerdan a arquitecturas muy clásicas (las tradicionales arcadas que cobijan las barricas) revestidas de la simplicidad y el diseño que aportan los tiempos modernos.

   

Para nuestro autor el vino es tradición, es pasado, es presente y es futuro, por eso cada una de las visiones de esta escultura es un pequeño homenaje o recuerdo a la historia que nos llega a través de los perfiles sólidos de la silueta de un ser potente, que como si fuese un dios, con porte estático y solemne, brinda su generoso regalo a los mortales.

En el análisis de la obra, el autor interpreta en su creación curiosidades sobre las diferentes leyendas a cerca del origen del divino tesoro y así en uno de los costados recoge anécdotas como la alegría de Oinos, el amo del pastor Estéfilo a quien éste, con curiosidad, llevó los frutos que su cabra estaba devorando. El señor, sin saber, bebió el jugo exprimido de las vayas, que eran uvas, y comprobó como su estado de ánimo tornaba hacia el entusiasmo y el contento.

Por otra parte el origen del vino está vinculado también a la historia del diluvio, ya que se cuenta que fue Noé el responsable de la primera plantación tras la catástrofe universal, por eso las uvas doradas se derraman como gotas de lluvia sobre este costado de la escultura, pareciendo que han sido ya arrancadas de la vid que arrastra el dios como si fuese un elemento traído del pasado al presente.

Para finalizar este resumen sobre el argumento de la obra, hemos de hacer notar que  todo esto no podría haber sido sin el coraje y la iniciativa del equipo humano responsable de esta vertiginosa transformación del sector vitivinícola al que el artista rinde también su particular homenaje en la escultura.

Enlaces:
www.fc-gabarron.es
www.gabarronfoundation.org
www.fundacioncasapintada.es

   

 

OinozHOMENAJE AL VINO

Pocas veces las palabras encierran tantos contenidos como el vocablo “vino”. Los campos de vides, todo lo relacionado con la producción y el mágico simbolismo del consumo del rojo elemento, han estado siempre presente en las sociedades de todos los tiempos a través de diferentes formas, y ha dejado su huella perenne en las diferentes manifestaciones artísticas.

La cultura del vino, la tradición vitivinícola de los pueblos es ya milenaria y se viste en esta obra, a la que el autor ha bautizado con la antigua voz de “OINOZ”, con los colores y las pátinas del tiempo. Así, el cobre luce sobre su superficie los sutiles tonos pardos de las tierras surcadas, las calientes luces de los campos dorados al sol y los sugerentes rojizos, amarillos y verdosos del valioso fruto.

A veces la Humanidad pierde muchas cosas en el camino, pero otras le acompañan, y de la antigüedad a la vanguardia, el vino es uno de esos elementos de unión en la historia, cuya transformación ha sido tan espectacular como la del hombre, siendo aún el protagonista de todo tipo de ceremonias y rituales de carácter socia, religioso o cultural

El autor mantiene la idea de que el vino no es solo fuente de riqueza y de placer, sino pura inspiración y creatividad derrochada a raudales y que en su evolución no solo ha sido el argumento de creaciones pictóricas, escultóricas o literarias, sino también de excelentes obras arquitectónicas de singular belleza.

El desarrollo tecnológico, el cambio hacia la modernidad y el progreso, la fuerte apuesta  y el esmero por la presentación en sociedad de este sector de una forma renovada, en perfecta simbiosis con el arte, es un esfuerzo reconocido por Gabarrón  en uno de los puntos de vista de esta obra, bajo formas que nos recuerdan a arquitecturas muy clásicas (las tradicionales arcadas que cobijan las barricas) revestidas de la simplicidad y el diseño que aportan los tiempos modernos.

Para nuestro autor el vino es tradición, es pasado,  es futuro y es futuro, por eso cada una de las visiones de la escultura es un pequeño homenaje o recuerdo a la historia, que nos llega a través de los perfiles sólidos de la silueta de un ser potente que, como si fuese un dios, con porte estático y solemne, brinda su generoso regalo a los mortales.

La divinidad adquiere  corporeidad con el anclaje de elementos  con identidad propia como el racimo de uvas, la botella,  la vid, la silueta del personaje ….

En el análisis de la obra, el autor interpreta en su creación curiosidades sobre las diferentes leyendas a cerca del origen del divino tesoro, y así, en uno de los costados la obra recoge anécdotas como la alegría de Oinos, el amo del pastor Estefilo a quien éste, con curiosidad, llevó los frutos que su cabra estaba devorando. El señor, sin conocimiento, bebió el jugo exprimido de las vayas, que eran uvas, y comprobó como su estado de ánimo tornaba gradualmente hacia el entusiasmo y el contento.

Por otra parte, el origen del vino está también vinculado a la historia del diluvio, ya que se cuenta que fue Noe el responsable de la primera plantación tras la catástrofe universal, por eso las uvas doradas se derraman como gotas de lluvia pareciendo haber sido arrancadas ya de vid que arrastra el dios como si fuese un elemento traído del pasado al presente.

Para finalizar este resumen sobre el argumento de la obra, hemos de hacer notar que todo esto no podía haber sido posible sin el coraje y la iniciativa  del equipo humano responsable de esta vertiginosa transformación del sector vitivinícola al que el artista rinde este particular homenaje.

En cuanto a la elección del material es un amplio capítulo  que sintetizamos en una frase: “la transformación  día a día del soporte escultórico, el envejecimiento natural y los cambios que produce el paso del tiempo hasta conceder a la obra la nobleza y el sabor  que el mismo tiempo aporta al vino”

 

 

 

De boceto… a escultura

Como todas las grandes obras “Oinoz” pasa también por un proceso creativo que contempla como punto de partida la realización de una serie de bosquejos y maquetas en las que e l autor decide los volúmenes que va transformando hasta adecuarlos a la escala real  que definitivamente ha alcanzado unas dimensiones de 500 cm. de altura por unos

         
 
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